Qué si fruta del dragón, que sí el mango que era tropical pero ahora es nacional, la pitaya, el maracuyá… Entre tanta fruta tropical en el supermercado, surgen dudas en algunas personas sobre cuál es la fruta de la pasión de verdad, la de “toda la vida”.
No nos andamos con rodeos: la fruta de la pasión es el maracuyá. La duda, seguramente, surge porque esta es j a fruta que viene de una enorme familia de frutas que incluye cuentos de especies.
Explican desde Canna que estas son frutas nativas en su mayoría de los trópicos de América del Sur y Central, en concreto, de la zona de Brasil, México y todo el Caribe, pero también algunas procedentes de Australia. “Los exploradores españoles amaban las frutas producidas por estas vides y por ello las llevaron a Europa, desde donde serían transportadas al resto del mundo”, señalan desde la compañía especializada en cuestiones botánicas.
Sobre el maracuyá, Helios afirma que su origen está situado en lo que hoy es Perú y el noroeste de Argentina y Paraguay. “Fue hace dos siglos cuando se pudo diversificar su plantación en lugares tan alejados como Australia y otras islas del Océano Pacífico”, apuntan. “Después, y progresivamente, su cultivo se ha ido extendiendo por otras zonas del planeta, especialmente las cálidas, dando lugar desde hace unas décadas a un consumo generalizado”, añaden sobre la distribución geográfica del cultivo de la fruta de la pasión.

Por qué se llama así al maracuyá
La gran pregunta, una vez resuelta la duda principal, es por qué se conoce como fruta de la pasión al maracuyá.
Helios responde a la pregunta empezando por el nombre científico de la fruta, que es en realidad el fruto de la planta llamada passiflora edulis, lo cual es una pista sobre ese nombre tan llamativo, viral, alternativo al de maracuyá.
Este nombre científico, apuntan desde Helios, “viene derivado de cómo la llamaban algunos misioneros jesuitas del siglo XVII cuando se encontraron con ella en el continente americano”. La conocían así, continúan explicando, “por la similitud de la flor con algunos símbolos religiosos relativos a la Pasión de Cristo”.
Fue en 1753 cuando el científico Carlos Linneo, según Helios, adoptó de forma oficial el nombre de passiflora, “flor de la pasión”, para el maracuyá.
Rica en nutrientes
La fruta de la pasión es un muy nutritiva, rica en vitaminas además, sobre todo A y C, y minerales como como el potasio, el fósforo y el magnesio, así como rica en fibra como todas las frutas.
Habitual en ensaladas, zumos, cócteles, o confituras, también se puede comer fresca, en solitario, y es relativamente habitual encontrarla en España, aunque el boom del mango y de la piña la mantiene en un segundo plano. También se utiliza en otros sectores productivos como el de la cosmética, donde se usa su aceite, pero es la alimentación la que más maracuyá consume.
A modo de curiosidad, ya que necesitas un espacio amplio de tierra para cultivarla y en España no se dan tampoco las mejores condiciones climáticas para ello, la fruta de la pasión “crece en vides trepadoras de hoja perenne a las que les encanta serpentear por espalderas, barandas, pérgolas, rejillas o incluso por encima de cobertizos”, apuntan desde Canna.

Lo que hace la planta es agarrarse a los enrejados en busca del sol, y una vez adaptadas y asentadas, “pueden llegar a crecer entre 5-7 metros al año y necesitarán un soporte fuerte”, indican desde Canna. La planta que da la fruta de la pasión, concluye la misma fuente, “puede llegar a vivir entre cinco y siete años y, aunque crecen mejor en climas tropicales, sobrevivirán temperaturas tan bajas como -6 ºC”, concluyen. Por supuesto, como fruta tropical que es, necesita humedad y agua.